Regionalización inefectiva

Regionalización inefectiva

Se han cumplido 22 años del proceso de regionalización que se inició en julio de 2002, pero a la luz de los resultado obtenidos hasta la fecha más son los fracasos que los logros.

Fue un proceso que se inició con muchas expectativas con la finalidad de superar el agobiante centralismo que imperaba en el país, sin embargo, desde un inicio tuvo un camino accidentado. 

Lo que se concibió para crear macrorregiones juntando varios departamentos, al final solo se terminó cambiando el nombre de departamentos por regiones, es decir, se mantuvo el mismo número de circunscripciones territoriales: 24. 

La presión política y un gobierno débil, como fue el del presidente Toledo, terminaron por tumbarse uno de los objetivos claves de la regionalización: unificar los departamentos en espacios territoriales más grandes, integrados y económicamente viables para superar la fragmentación administrativa del país.

Los habitantes de los departamentos tampoco estuvieron de acuerdo. Cuando en 2005, se realizó un referéndum para formar cinco grandes regiones: Norte, Nor-Centro-Oriental, Ica-Ayacucho-Huancavelica, Cuzco-Apurímac y Sur Andina, la propuesta no fue aprobada.

Este quizá fue el primer gran error de la regionalización, querer imponer el proceso desde arriba sin tener en cuenta la opinión de los directamente involucrados. 

Es un proceso con varios problemas. Un informe del Instituto de Estudios Peruanos (2022) señala que los gobiernos regionales que tienen dificultades para determinar sus competencias, No hay claridad de quién es responsable de proporcionar los servicios públicos a los ciudadanos, por ejemplo.

En el sector salud se observa el mismo panorama. 

En febrero pasado se aprobó mediante una RM del Minsa, el Plan Anual de Transferencias de Competencias Sectoriales 2026, en cumplimiento de la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales con el objetivo de fortalecer el ejercicio efectivo de la funciones transferidas a los dichos gobiernos.

En suma, más burocracia, más estudios y con políticas que no han dado resultado, como lo señala la Asociación Médica Peruana. 

El proceso de regionalización era un medio para proveer de bienes y servicios a la ciudadanía acorde con las necesidades de cada circunscripción, pero hasta ahora ha tenido resultados ambivalentes. Por un lado, se cerrado brechas en infraestructura educativa, de salud y vial, pero, por el otro, ha sido un espacio para la corrupción, señala un informe del Ceplan (2024).

Pero no son los únicos problemas, la falta de cuadros técnicos limitan una mejor gestión, a lo cual se suma el constante reclamo de los gobernadores regionales que culpan al gobierno central de todos sus problemas, a pesar que gozan de autonomía presupuestal desde que se inició el proceso.

¿Era necesario regionalizar el país? No. Lo que se necesitaba era una descentralización efectiva de recursos económicos. La regionalización es una forma de descentralización, pero no la más adecuada para un país como Perú cuya Constitución lo define como un Estado uno e indivisible (Art. 43).

La regionalización funciona cuando el proceso se inicia desde abajo; es decir, cuando son las regiones las que deciden unirse para lograr un mejor desarrollo, pero países como Perú con un Estado unitario difícilmente funciona. 

Han transcurrido más de dos décadas de regionalización y los resultados demuestran que no se han logrado los objetivos previstos. 

Los pocos recursos económicos de que disponen las regiones dan como resultado un débil desarrollo económico obligando a los gobernadores regionales a buscar apoyo en el gobierno central, lo cual termina siendo un centralismo disfrazado.

La regionalización hasta el momento resulta infectiva y no hay indicios que la situación se revierta.