Son eficaces los debates realizados en varios días

¿Son eficaces los debates realizados en varios días?

Siguiendo la costumbre practicada en otros países, en el Perú los debates presidenciales ya forman parte del proceso electoral.

Pero hay debates y debates.

El primer debate presidencial, tal como se conoce hoy, se realizó en 1960, en Estados Unidos, entre los candidatos, John F. Kennedy y Richard Nixon. Fue el primer debate televisado que marcó un punto de inflexión, al extremo que luego se replicaría en otros países.

Treinta años después, se hizo el primer debate presidencial en el Perú, entre los candidatos Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori.

Con la llegada del nuevo siglo, ONG y medios de comunicación se encargaron de organizar los debates presidenciales y en las últimas elecciones fue el JNE, con la finalidad de que los candidatos presenten a la ciudadanía sus propuestas.

En nuestro país, por la gran cantidad de candidatos presidenciales que se presentan en la primera vuelta, los debates se organizan en varios días.

El actual debate con 34 candidatos durará 6 jornadas donde cada candidato solo participa en dos fechas con lo cual es imposible que tenga la oportunidad de debatir con todos.

El debate desarrollado en varios días busca profundizar los temas que preocupan a la ciudadanía, pero se pierde la confrontación directa y la mayor atención que ofrece el debate realizado en un día, características importantes para la confrontación de ideas.

Hubiese sido interesante que candidatos con una misma, o similar, orientación política se confronten para saber en qué se asemejan o diferencian, por ejemplo, Keiko Fujimori (de derecha) vs. César Acuña (entre derecha y centro derecha), o candidatos de izquierda como Alfonso López Chau vs. Roberto Sánchez. Pero eso no ocurrirá porque están programados en fechas diferentes.

No es culpa del JNE la forma como está organizado el debate sino del alto número de candidatos que se presentan en cada elección, aparecen como zancudos en verano.

Un debate organizado en varias jornadas le quita eficacia.

Los comicios pasados nos indican que la tendencia se mantendrá e incluso puede aumentar.

Para intentar arreglar esta situación, en las elecciones de 2006 se introdujo por primeva vez la valla electoral con el fin de reducir el número y fraccionamiento de los partidos. Es un mecanismo que aún se mantiene.

Pero todo sigue igual.

Quizás sea el momento de pensar en otra alternativa: convertir la segunda vuelta en obligatoria, donde se elegiría al presidente, senadores y diputados; mientras que la primera vuelta solo sería un filtro, sin debate.

Actualmente, la segunda vuelta solo ocurre en caso de que ninguna fórmula presidencial alcance más de la mitad de los votos válidos. Se realiza entre las dos candidaturas más votadas. Los congresistas son elegidos en la primera votación.

¿Cuál sería el número adecuado? No existe una fórmula mágica para definirlo, podría ser entre 4 y 5 candidatos. Quizás alguien puede decir porque no 6 o 8. Bueno, siempre hay gente que le busca cinco patas al gato.

De esta manera, por un lado, los ciudadanos seguirían teniendo la oportunidad de formar partidos políticos, mientras que, por el otro, se reforzaría la democracia al contar con un razonable número de partidos.